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  • Ariadna Vallverdú

La importancia del cultivo del té en la economía mundial



Además de ser una de las bebidas más antiguas y la primera de mayor consumo del mundo (después del agua potable), el té representa uno de los cultivos comerciales más importantes de la economía global, desempeñando un papel fundamental en el desarrollo rural, la reducción de la pobreza y la seguridad alimentaria en los países exportadores.


Cada vez más personas somos conscientes de que el té otorga numerosos beneficios para la salud y el bienestar, pero ¿sabías que con el simple gesto de consumir una o dos tazas de té diarias también contribuimos a hacer del mundo un lugar mejor?



Tomar el té, un acto que va más allá de verter agua sobre la bolsita


Las Naciones Unidas designaron el 21 de mayo como el Día Internacional del Té para concienciar a todo el planeta sobre la importancia de esta industria para el desarrollo rural y para la sostenibilidad.


● Consumiendo esta bebida contribuimos a que más hogares del mundo puedan tener una vida digna, pues la industria del té proporciona empleo a millones de pequeños productores. Esto permite que muchas familias que viven en países en vías de desarrollo tengan una fuente estable de ingresos.


● En sintonía con ello, China, Corea y Japón tienen cuatro espacios de cultivo de té designados como Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) por la FAO. Los SIPAM son sistemas agrícolas vivos que envuelven las comunidades humanas. Dentro de estos espacios, las personas mantienen una relación intrínseca con territorio y con el paisaje cultural y agrícola que les rodea. Estas organizaciones proporcionan bienes, servicios y medios de subsistencia a millones de pequeños agricultores.


● Los ingresos que genera la exportación de té ayudan a financiar los gastos de importación de alimentos y otros bienes de primera necesidad, y esto ayuda a sostener las economías de los principales países productores de esta bebida milenaria (China, La India, Kenia y Sri Lanka, entre otros).


● El consumo mundial de té ha aumentado de forma exponencial durante la última década, especialmente impulsado por la pandemia. Cada vez son más los jóvenes que, en la búsqueda de un estilo de vida más saludable, optan por tomar una taza de té verde en lugar de un refresco azucarado.


El valor del cultivo sostenible


Aunque se trata de un mercado con un gran potencial de crecimiento, todavía queda un largo camino por recorrer.


El té solo puede producirse en los países con unas condiciones agrogeológicas muy concretas. Sin embargo, estas zonas se ven especialmente amenazadas por el cambio climático y por las variaciones en los patrones de temperatura y lluvia que afectan atentan contra los rendimientos, calidad y precios del té.


En consecuencia, los ingresos obtenidos en la industria del té están disminuyendo, lo cual supone una amenaza para los medios de vida rurales.


Para asegurarnos de que nuestra taza de té no solo no aumenta las emisiones de carbono, sino que también favorece el mercado del té, es esencial que elijamos un fabricante cuyo proceso de producción garantice la sostenibilidad en todas sus etapas, desde el campo hasta la taza.

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